Sobre Antares

Sobre Antares

Sobre Antares,
Ester
y Mercedes Sosa


Desde que tengo noción del tamaño de Antares
me invade una sana sensación de humildad. Hace muchos años mi tía Ester, una mujer campesina, alegre como la luz, escuchaba en una grabadora vieja a Mercedes Sosa; no desperdicié la oportunidad de preguntar ¿y por qué te gusta Mercedes Sosa?  ─Por el poder de su voz, respondió.


Si hubiera preguntado lo mismo a un “expertólogo” de la música, tal vez habría respondido con términos que no entiendo porque no soy músico; seguramente me habría dado instrucción sobre el registro de la voz, habría hablado de tesituras, de extensión, de timbre, alcance o de vibratos,  y nunca habría entendido a ciencia cierta lo que siente una mujer sencilla, como Ester, al escuchar la voz de Sosa.

        Si hubiera preguntado lo mismo a un “expertólogo” de la música, tal vez habría respondido con términos que no entiendo porque no soy músico; seguramente me habría dado instrucción sobre el registro de la voz, habría hablado de tesituras, de extensión, de timbre, alcance o de vibratos, y nunca habría entendido a ciencia cierta lo que siente una mujer sencilla, como Ester, al escuchar la voz de Sosa.

      Al tratar de comprender todo el concepto de “poder en la voz” el entendimiento puede quedarse corto. Por ese corredor logra pasar el juicio de la melancolía, la rabia, el dolor, la tristeza, el gozo, la alegría, el amor y la ternura; todo al mismo tiempo. La memoria de América Latina y sus “venas abiertas” palpita en la voz de la cantora; la euforia en busca de un sueño es evocada en el instante, así como el sosiego, la dicha, el amparo, la esperanza, en fin: la Historia. La identidad.

      Y, es que, cuando hablamos de la historia de América Latina, obligatoriamente, tenemos que hablar del tema amargo de contradicciones sociales, de abismales diferencias heredadas, en la mayoría de los casos, desde la invasión española. De igual manera, no podemos obviar la lucha constante de los pueblos por una equidad necesaria para establecer el curso de su historia en paz.

      Por otra parte, está lo multiétnico, lo multicolor, la inmensa variedad de tonos y matices, de lenguas y ropajes, de danzas y rituales que encontramos en todos los rincones de nuestra América, construida desde la pureza indígena hasta el mestizaje, desde las mezclas y sus particularidades: indios, blancos, negros, mulatos, criollos. Es decir, estamos hablando de una historia con una inmensa fuerza universal, con raíces tan auténticas como las de cualquier cultura originaria del mundo; solo que, en nuestro caso, por haber sido invadidos por europeos se nos encaja el concepto de pertenecer al gran mundo occidental; se nos endosa la idea de que nuestro origen es el mismo de todo occidente: greco-romanos y judeocristianos. Pero, nosotros no somos originariamente cristianos; somos cristianizados y, en eso también hay diferenciación. No es lo mismo ver una ceremonia de la iglesia ortodoxa rusa que la misa campesina nicaragüense.

Además, nos pretenden inculcar que por ser occidentales debemos defender a muerte todo gran capital e invisibilizar el total de nuestras raíces, de la misma manera que en los primeros días de la gran invasión de 1492, cuando todo el conocimiento, la astronomía, el arte, el pensamiento y la poesía fue a dar a las hogueras por respetar a la serpiente o al jaguar. Por ese hecho tan atroz se nos hace creer que fuimos europeizados, occidentalizados; pero el tiempo nos demuestra que pese a tanta espada, a tanta sangre y tanto odio no estamos doblegados. Es decir, “no todo está perdido … yo vengo a ofrecer mi corazón”.

      Cierto: sembraron catedrales encima de nuestros templos y nuestros lugares sagrados. Impusieron su idioma; pero, para sorpresas el tiempo: nuestras lenguas originarias están vivas y en uso y quienes las practican se sienten cada vez más orgullosos de que así sea. Las poblaciones indígenas siguen siendo mayoría en casi todo el continente, esto implica: ropajes, costumbres, comidas, cantos y genes. Por lo tanto, esta estructura profundamente humana, en la que se sustentan nuestros pueblos, no puede ser ocultada por la ordenanza hueca basada únicamente en el consumo y la acumulación de capital. Y, es que la entereza se ha basado principalmente en la conservación de los valores culturales y en el valor hierático que tiene la dignidad. Por lo tanto, todo ese cúmulo traído desde lo precolombino se convierte en un templo tan sagrado como invisible, intocable, indestructible, al cual y desde el cual convergemos mayas, incas, aztecas, mapuches, huetares, bribris, aimaras, lencas, pipiles, “tucumanas y tucumanes”; es decir, todas las manos, todas/ todas las voces, todas/ toda la sangre puede ser canción en el viento …

      En eso también consiste la particularidad de nuestra historia: en que el arte y la cultura no son resultado de la construcción y desconstrucción de clases aristocráticas y cortesanas propiamente dichas, de sus gustos y voluntades como en los casos europeos. Nuestro auge cultural originario tiene que ver más con el desarrollo de pueblos y multiculturas que con el gusto de las clases de origen mercader o monárquico.

       Paralelo a eso, la creación latinoamericana tiene otros corredores de desarrollo; por ejemplo, no podemos hablar de sus aportes a la literatura universal sin hablar de Gabriel García Márquez, Octavio Paz, Ernesto Sábato, Gabriela Mistral, Pablo Neruda, Alejo Carpentier, José Martí, Nicolás Guillén, Rubén Darío, Augusto Monterroso, Isabel Allende, Roque Dalton, Guillermo Cabrera Infante, Miguel Ángel Asturias, Carlos Fuentes, José María Arguedas, Yolanda Oreamuno, Julio Cortazar, etc.. También, con todos ellos se construye esta formidable identidad como parte de una gran constelación.

Por otro lado, la edificación contiene distintos bastiones, como la música. El canto latinoamericano está muy arraigado a la historia de los pueblos. El tango en sí mismo es una historia. La música ranchera es historia en sí misma, igual que la cumbia, la samba o el bolero. El canto en esencia es historia latinoamericana. No podemos opacar la existencia de Carlos Gardel, Alfredo Zitarrosa, Chabuca Granda, por mencionar algunos. De igual manera, es imposible obviar los procesos de resistencia en las épocas de las dictaduras, cuando legendarios músicos como Violeta Parra, Víctor Jara, Quinteto Tiempo, Quilapayún, Guaraguau, Atahualpa Yupanqui y una cantidad grande de representantes del folclor acompañaban el anhelo de acabar con el despotismo. Otros trovadores que van desde Silvio Rodríguez y Pablo Milanés hasta los Mejía Godoy representan también su tiempo y su historia; otros también crean sus propias particularidades, tales como Chico Buarque, Caetano Veloso, Soledad Bravo, León Gieco, Lilia Vera, Vicente Feliú, Isabel Parra, Fito Páez, Amparo Ochoa, Gabino Palomares, Adrián Goizueta, Katia Cardenal, Charli García, Nacha Guevara, Víctor Heredia, Tania Libertad, Rubén Blades, Pedro Aznar …

Es aquí donde aparece Mercedes. Alquimista, catalizadora, portentosa …

“Cuando yo te abrazo no te abrazo sola”

      Logra llevarnos a un recorrido por “un río en la voz” en un solo concierto, en un solo disco, del acetato al CD o, en una vieja grabadora. En ese caudal confluyen todos los cantautores, géneros e historias; todas las metáforas, dolores, alegrías y esperanzas. Capaz de mostrarnos los matices, las llanuras, los ríos, las pampas con su voz, que, como dice Johan Manuel Serrat, “Creo que lo más importante en esto es el hecho de que la voz no solamente pasa por la garganta, sino también por el corazón. Y en el caso de la Negra, la voz pasaba por el corazón”. (Declaraciones momentos después de la muerte de Mercedes).

      Y, esto que dice Serrat es lo que percibe una mujer tan humilde como Ester cuando responde: “por el poder de su voz”. Tal grandeza de voz y corazón es lo que convierte a Mercedes en una especie de Antares en la galaxia de los cantos. Es decir, su voz es capaz de conmover a una mujer campesina de la misma manera que hace rodar lágrimas en las mejillas de Serrat. En eso consiste la universalidad en el arte. Cuando yo te abrazo te abraza una eternidad.

      Por su parte, la estructura anticultural de mercado, que nada tiene que ver con lo auténtico y lo universal, alista sables de oro y busca separarnos de estos valores con los constructos cotidianos y efímeros. Una maquinaria monstruosa se mueve en la producción industrial de “ídolos” en serie, estándar. Fabrican fetiches como elaborar rosetas y su anchura alcanza lo que dura el vuelo de una palomita de maíz. En una noche se mueve la equivalencia del capital de un banco. Tal maquinaria es capaz de colapsar el sistema de comunicación de una nación a la hora de elegir a sus figuras (¡sucedió en Costa Rica recientemente!) y, luego de una semana de fulgor, fiesta y ensueños, recogen escombros y ganancias y todo vuelve a comenzar como si nada hubiera sucedido. Es más, los programas mediáticos que dan la cara por estas maquinarias ni siquiera tienen nombre en español para el calificativo de “ídolos”, como si también nuestro idioma fuera una vergüenza o un vestigio maligno al que tenemos que renunciar y movernos como marionetas del dinero.

“Cambia, todo cambia”

      La autenticidad de Sosa también remueve fibras históricas en tanto fue una mujer perseguida; detenida en un concierto, experimentó el exilio, yendo y viniendo en los pliegues de la historia, sobre esto Serrat resalta que “la voz de América Latina” fue “una artista extraordinaria, que estaba en el aquí y el ahora, que no vivía en un Olimpo artístico, sino que pasaba por todo el tiempo histórico que le tocó vivir”.

      Sobre este referente, la enciclopedia virtual Wikipedia anota, entre otras cosas: Tras el golpe de estado del 24 de marzo de 1976 fue incluida en las listas negras del régimen militar y sus discos fueran prohibidos. Pese a ello permaneció en el país hasta que en 1978, en un concierto en La Plata, fue cacheada y detenida en el propio escenario y el público asistente arrestado.

       El hecho ha sido relatado por una admiradora llamada como ella Mercedes, que asistió al concierto y dejó el siguiente mensaje en la página oficial de Mercedes Sosa poco después de su muerte:

       La única noche que estuve presa fue después de un recital tuyo en La Plata, en el viejo Almacén San José. Te habías entusiasmado y cantado canciones no permitidas, habías abierto las ventanas para que escuchen los que no podían pagar. Estábamos todos eufóricos. Pero llegaron ellos con sus armas, haciendo por fin visible lo que sabíamos que pasaba. Nosotras en fila en el patio, apuntadas, aterradas; vos, tal vez con tu propio miedo, en una oficina donde te hacían escuchar los temas que cantaste, mostrándote tu desobediencia. A las seis de la mañana, consideraron que ya nos habían dado la lección y salimos al sol. ¿Sabés qué? Valió la pena. Si estás cansada, que tu partida sea en paz. Sabremos entender.

 

Mercedes.

       Se exilió en 1979 en París y después en Madrid.

      Durante la dictadura militar y mientras se encontraba censurada lanzó varios álbumes, destacándose Mercedes Sosa interpreta a Atahualpa Yupanqui (1977), uno de sus álbumes más logrados, y Serenata para la tierra de uno (1979), tomando como mensaje el tema del mismo título de María Elena Walsh: «Porque me duele si me quedo, pero me muero si me voy».

      (…) Regresó a Argentina en 1982 y realizó una serie de famosos recitales, pero debió volverse a exiliar cuando se enteró que el almirante Carlos Alberto Lacoste preguntó: “¿Quién dio permiso a Mercedes Sosa para estar en mi país?'”. Recién podría volver a radicarse en su país en 1984, una vez que la democracia fuera recuperada.

      Pero, como todo cambia, su vuelo, más allá de lo inolvidable trasciende toda expectativa, su cuerpo fue velado en el Salón de los Pasos Perdidos del Congreso argentino, como su grandeza real lo merecía. Hasta siempre Antares de los cantos. Gracias a la vida, que con tu ser, nos ha dado tanto …

 

américo ochoa .-  
americocho@hotmail.com

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