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Mes: febrero 2017

El asunto del Bien y del Mal frente al televiso

El asunto del Bien y del Mal frente al televiso

El asunto del Bien y del Mal

frente al televiso

    I.

En alguna ocasión mi amigo Óscar Villalta Callejas me preguntó cuál era mi opinión sobre el bien y el mal. Tiempo después he decidido expresar mi opinión e indagar sobre el asunto. Por supuesto, en la interrogante caben otras: por ejemplo, en la galería del mito y de la fábulas podemos asistir hasta al instante en que Dios sopló el barro y preguntarnos ¿alguien se murió de risa el día inicial?
           Algo pudo haber fallado en ese momento, puesto que los finqueros de el Paraíso se portaron mal y la perfección sucumbió. ¿Triunfó el mal desde entonces? Bueno, es un espacio y situación de mito; además, el representante del catolicismo, Juan Pablo II, clausuró el solar de el Paraíso y dio carácter de fábula a la idea de creación mediante el Génesis.
          Antes, yo creía que tenía parientes y amigos acá en la Tierra y en el Paraíso, ahora tengo que aceptar que solo acá. Mintió el catecismo, me estafó la iglesia vendiéndome una finca que nunca existió. La caída del paraíso por ser exceso de fantasía, equivale tanto como si un agente de bienes y raíces me vendiera un apartamento en Ciudad Gótica, yo le diera los ahorros de toda mi vida, esperando salir de noche a la azotea con la expectativa de ver algún psicópata enmascarado o alguna gata disfrazada, tan tierna como asesina.
          En la galería del pensamiento filosófico Aristóteles nos indica que “El Bien” es un fin Supremo del hombre. Dice Aristóteles:

         (…) Si en todos nuestros actos, como en la ciencias que acabamos de citar hay un fin definitivo que quisiéramos conseguir por sí mismo, y en su vista aspirar a todo lo demás; y si, por otra parte en nuestras determinaciones no podemos remontarnos sin cesar a un nuevo motivo, lo cual equivaldría a perderse en el infinito y hacer todos nuestros deseos perfectamente estériles y vanos, es claro que el fin común de todas nuestras aspiraciones será el bien, el bien supremo. ¿No debemos creer que, con relación a la que ha de ser la regla de la vida humana, el conocimiento de este fin último tiene que ser de la mayor importancia, y que a la manera de los arqueros que apuntan a un blanco bien señalado, estaremos entonces en mejor situación de cumplir nuestro deber?
(Aristóteles, Moral, a Nicómaco, Selecciones Austral, cuarta ed. Madrid, 1984).

        Como es notable, hay muchas cavidades donde profundizar sobre el tema. Podemos diferenciar, por ejemplo, que entre la vida y la muerte hay una condición natural que no podemos cambiar. La vida no es el bien y la muerte no es el mal. La vida es la vida y la muerte es la muerte. Pero sucede que, en nuestra condición humana, racional y sensorial, entre la vida y muerte media el dolor.
Por ejemplo, aceptamos la crueldad y el suplicio que se produce en la cadena alimenticia aún cuando la muerte sangrienta del ciervo por el tigre o el león sea angustiosa; más aún, siniestra o tétrica. Lo macabro de ese acto continúa cuando el depredador sacia su hambre, abandonan la presa y llegan escuadrones enteros de limpieza, como los buitres o las hienas, hasta que finalmente las hormigas pulverizan las médulas de cada hueso y guardan las partículas para el próximo invierno. Tal acto no puede ser evitado, es digno y es bello.
         Nadie que haya presenciado, aún por en documentales, el acecho del tigre al ciervo, la exaltación del ataque, la huida y la resistencia inútil de la presa, podrá negar que es un acto único. Cuando uno, dos o tres depredadores se organizan para atacar a una manada de antílopes, por ley natural, el que sucumbe es el más débil, ciego, lisiado o recién nacido. No hay ningún otro factor que el natural.
De esa manera, buscando en las galerías de la explicación un fundamento distinto del mito o de los planteamientos filosóficos de Aristóteles, de J. J. Rousseau y de otros pensadores consultados, encontré un recurso importante: el televisor. En uno de esos programas de National Geografic, o algo así, vi lo siguiente:

         El documental inicia presentando una de esas grandes sequías producidas por cambios de estación cuando el pasto desaparece por completo y las grandes manadas de renos y antílopes tienen que emigrar. El abrevadero ha sido reducido por el clima a su mínima expresión y tomado por casi todas las especies desesperadas por la sed. El asedio de unos contra otros es letal, caótico. Cocodrilos e hipopótamos ven el final de su fiesta.
         El éxodo es inminente. Alguien da la señal, la manada se mueve, en un principio orientada por su instinto, luego por el desespero; los leones se percatan de la fuga que se produce en su despensa y atacan. La estampida es brutal larga y tortuosa, muchos quedan en el intento de escape.
        Luego de ancho trayecto, lejos de los leones, en medio de una paz exasperante y sorteando peligros enfrentan un gran río. No hay manera de evitarlo, hay que cruzar. La violencia del caudal es aterradora; el porcentaje de ejemplares que perece en el torrente es estrepitoso; las madres que sobreviven gimen de dolor, inútiles ante la pérdida de sus crías arrastradas por la turbulencia. Tal catástrofe desmejora sustancialmente a la manada, pero subsiste.
        Después de un largo viaje encuentra abundante pasto. Llega la bonanza y la misericordia de la primavera. Hay abrevaderos y pasto en abundancia. Llega la época de celo, el romance, la preñez y el parto. La manada se repone. ¡Viva la orgía¡ Pero el rebaño tiene que regresar a su hogar: por el mismo camino y por el mismo río.

¿Dónde está el mal? ¿Dónde está el bien?
¿Quién triunfa?

           II.
         En mi ánimo de escudriñar sobre el tema para poder discutirlo con mi amigo Óscar, seguí indagando, y encontré con una cita:
         El desarrollo del hombre que Rousseau nos presenta en el “Segundo Discurso”, es un desarrollo perjudicial, porque destruye aquel ser inocente, puro hermoso y fuerte, que era el hombre natural. En su lugar, encontramos al hombre de nuestros días, malo, débil, egoísta y en constante lucha de unos contra otros. El hombre naturalmente no es un lobo para el hombre pero, desgraciadamente, el desarrollo social lo transforma en ese ser perverso, que vemos todos los días en nuestra vida.
(El Contrato Social; J. J. Rosseau, EDUCA, San José, 1996, 1ª ed. La cita pertenece al Prólogo de Manuel Formoso Herrera).
          Quise dilucidar con eso sobre la naturaleza humana, es decir, nuestra complejidad con la cual vanagloriamos por ser poseedores del raciocinio. Solo conocemos a medias algunos factores biológicos e instintivos de los demás seres vivientes, los consideramos inferiores, los despreciamos porque no los entendemos; en nuestra ignorancia y envidia oculta, acudimos a la venganza; los cazamos, destruimos su hábitat, etc.

           En ese afán me encontré de nuevo frente al televisor:
          Esta vez, la escena comienza con el sonido de un cuerno y los aullidos de unos perros de caza, risotadas y cánticos en medio un bosque de un castillo medieval. Es un documental sobre las monarquías europeas que han desarrollado, junto a los plebeyos, un rito macabro, donde el derroche y saña es incalculable. Eso incluye típicas parafernalias, caballerizas exclusivamente cuidadas para la monta persecutoria, jaurías adiestradas para satisfacer lo insaciable: la muerte, el rastreo, el acoso, la tortura deliberada en la caza de la zorra. La faena concluye en que el vencedor es el que tiene el mayor número de colas a su alcance.
          Este desenlace triste para la zorra, sus cachorros, sus familias, sus madrigueras, su especie, también tiene otras connotaciones; algunas de ellas para justificar la caza: se ha dicho muchas veces que son una plaga, que son dañinas, etc., para añadir al placer un poco de venganza. Peor aún, se ha intentado llevar su imagen a un plano moral; en caricaturas de la Edad Media se simbolizaba a las clases burguesas con la imagen de zorro. Más atroz todavía, el machismo para degradar, insultar y atribuirle todas las maldades habidas y por haber a una mujer se le ha puesto el mote de “zorra”, para justificar también la otra maldad contra la mujer.
          Para unir analógicamente las dos cosas, la de insultos a las clases sociales altas e insultos a lo femenino: en algunos sitios de Europa se hacen chistes, como por ejemplo: “la última zorra que cazó la monarquías inglesa es … (fulana)” , “la última zorra cazada en España es Leticia”, “la zorra, aunque se vista de princesa, zorra se queda”. Allá ellos, sus monarquías, sus chistes e insultos. No recuerdo pero creo que el documental termina en una orgía.
          La justificación para la matanza masiva de animales se sigue clavando en el inconsciente colectivo cuando vemos magnas producciones cinematográficas como Tiburón, Cocodrilo, King Kong, y otros. Por supuesto, justificar las matanzas nos libera de la culpa, y, no es que la caza por siempre haya tenido esas connotaciones atroces. La caza en el contexto del hombre primitivo es otra cosa. Actualmente también hay culturas que practican la caza por necesidad y tienen una concepción digamos holística de la vida y el universo; piden permiso a sus dioses, sus elementales o a la naturaleza cuando ejecutan un sacrificio. Es decir, el placer y la tortura no son la causa del sacrificio.
          No se trata de agotar aquí todos los ritos macabros del hombre moderno contra la naturaleza, porque podríamos hablar anchamente de circos de animales, la matanzas de bisontes en Norte América, zoológicos, tráfico de pieles o de marfil, apuestas en peleas de gallos o de perros, en fin; pero sí se trata de concordar la mano criminal del hombre de nuestra época con el tema del bien y el mal.
          Seguí indagando y de nuevo me encontré frente al televisor. Esta vez, pasaban una corrida de toros, pero solo pude ver el final, cuando el torero se descapota, tiene la oreja del semoviente en la mano, luego ensarta la espada hasta el fondo; el animal cae abatido. El gran público aplaude, ovaciona, el matador lanza su bonete de triunfo.
          En fin, creo que esta vez el televisor me ayudó, tanto como los libros, para ahondar un tema de discusión con mi amigo Óscar. No escribo más porque tengo palomitas de maíz listas para ver Troya, con Brad Pitt.

Publicado en www.surysur.com

    http://www.surysur.net/el-asunto-del-bien-y-del-mal-frente-al-televisor/

 

américo ochoa .-  
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El asunto del poder, el Estado, el arte y la cultura

El asunto del poder, el Estado, el arte y la cultura

El asunto del poder,

el Estado, el arte y la cultura

    

Los cambios experimentados en América Latina durante los últimos años no han dado frutos contundentes en materia social; por ejemplo, en ninguno de los países se han eliminado TOTALMENTE la pobreza y la miseria. Obviamente, no podemos esperar que esos resultados sean inmediatos (entonces, ¿cuándo?), puesto que existe una historia y una maquinaria estructural para que la miseria, la desigualdad y la exclusión existan como derroteros de funcionamiento. Las intenciones para ir desmontando las piezas del aparato no son suficientes, ya que los miserables no resuelven sus problemas de hambre con las buenas intenciones de los estrategas.

      Sí, podemos decir que hay cambios evidentes en materia política —sin decir si son las más acertadas o no—. Basta con ver las conferencias de prensa, los discursos de los nuevos dirigentes, las declaraciones de los revolucionarios contra los que no lo son y viceversa. Hemos visto nacer el ALBA, los cambios en la OEA, las alianzas del Sur, etc.. Hay cambios en la política. El problema es que estos tampoco se traducen en soluciones contra la miseria.

     Hay quienes consideran que un país es brioso cuando amasa grandes fortunas que se reflejan en maquillajes urbanos de acero y cristal, como hiper-Malls; que un Estado es célebre si el capital brilla en las arcas inversionistas, aunque en los ojos de los miserables brille, pero por su ausencia. En fin, con cambios o sin ellos, el diseño de la maquinaria para hacer dinero y ponerlo en las balanzas es función del Estado y sus jerarcas, sean quienes sean. Allá ellos y sus conciencias. El tema de la pobreza sigue siendo manoseado por la política y la demagogia sin que las correcciones urgentes sucedan.

     En toda sociedad la solución de las necesidades materiales es vital, cada cual las resuelve a su manera. El caso con los cambios en nuestra América, es que hay otros ámbitos que no son materiales pero son de prima importancia, como la educación, la salud o la seguridad de los ciudadanos; y los Estados tienen que resolverlos. En este rubro de aspectos no tangibles se encuentra la Cultura.

     Obviamente, todos los problemas atañen a la generalidad de la población; el asunto es que el tema de la cultura no lo podemos ver bogar por la superficie y desdeñar todas sus honduras. La hecatombe de la llamada Conquista, la instauración de la Colonia y su actual desenlace estructural, tiene a su base la anulación de nuestra cultura matriz. Se nos impone la occidentalización como única visión del mundo y forma de vida con todo y su descarga eurocentrista, obligándonos al olvido de nuestra cosmovisión originaria.

     Por lo cual, podemos entender que en toda América Latina hay complicaciones históricas irresueltas que tienen que ver directamente con el dilema cultural. La madeja que se teje en torno de la problemática no se puede orillar con la aplicación de la política o sustituyendo una ideología por otra; sobre todo, si el Estado asume una posición ideológica occidentalizante basada, también, en el eurocentrismo y en sus formas de hacer la sociedad; que excluyen de tajo la cosmovisión oriunda de nuestros pueblos. Temas como la autonomía (no el abandono) de comunidades indígenas, el respeto a su propia gobernabilidad, a sus formas de vida, la devolución de territorios, la imposición de uso de maíz transgénico y la desaparición del maíz criollo; por ejemplo, son sumarios que no se zanjan sólo declarando un Estado ideológicamente correcto.

     Siendo nuestra América esencial, una maraña cultural sumamente compleja, podemos ver que tantos siglos de devastadora occidentalización no han torcido su esencialidad. Las formas de vivir, de vestir; de relacionarse, las comidas, las lenguas siguen vivas, pese a la imposición de la miseria, con la cual se ha pretendido hacerlas desaparecer. El vigor con que las culturas negras e indígenas se desarrollan, han estado siempre invisibilizadas en el ejercicio del poder de todos los Estados. La vitalidad ancestral ha sido exceptuada de las constituciones políticas, de las leyes, de los derechos humanos y toda estructura gubernativa.

     El hecho de que culturas excluidas se hayan desarrollado sin el amparo estatal no significa que esto siga siendo así de por vida. Tampoco quiere decir que su impulso dependa sólo de la inclusión en la planificación de las directrices oficiales, puesto que el resultado de las políticas culturales no se puede planificar ni medir como se estima la producción de carne o de tomates, por quilos y por dólares. Acá estamos hablando de una esencialidad humana que está por sobre toda ideología que cualquier estado asuma.
Si un Estado que se hace llamar popular, revolucionario o democrático, pretende imponer, sutilmente, ideologías igualmente exógenas y anulantes, sigue siendo igualmente perverso. Debería saber que si no se están planteando las grandes soluciones necesarias, tomando en cuenta la cultura, sus cambios son sólo parches que no sanan los daños históricos anteriores.

     La nueva institucionalidad, si no proporciona el oxígeno necesario para el robustecimiento e integralidad multicultural, por lo menos que no endose nuevos problemas. Tampoco podemos pretender la instauración en una institucionalidad viciada a las culturas que resisten desde su autenticidad, pero sí se puede establecer un equilibrio de relaciones. En eso debería consistir el reto. No se trata de cambiarse los ropajes ideológicos; sino, mínimamente, del respeto a la diversidad cultural, del cese inmediato a las agresiones de todo tipo.

Sobre la producción artística

     Otro rubro de resultados intangibles es la producción artística. En este periodo de cambios sería muy sano retomar el análisis de lo que pasa con las relaciones actuales entre Arte-Cultura, Arte-Poder, Arte-Estado, Arte-Artista y sociedad. Porque, aunque no estamos en las férreas dictaduras militares del siglo pasado, podría suceder que no estemos de acuerdo con las formas de relacionarse el Arte y el Estado, puesto que estas ilaciones tienen repercusiones en la producción artística y cultural de las naciones.

     En una Nación, de cualquier tipo, la producción artística no puede depender de la política estatal o sus directrices ideológicas. Al fin y al cabo la calidad y la esencialidad artística dependen de lo que los artistas produzcan y de la manera que asuman su conexión con la sociedad y sus entornos. Siendo que el arte, por su naturaleza liberadora y catalizadora del espíritu creador, no puede ser, forzosamente, comulgante de la acción coercitiva que el Estado realiza para ejercer “su función” en la sociedad; ya que, para ello, el Estado acude a la herramienta de la política y ésta no necesariamente resulta compatible con la creación artística.

     El hecho de que la producción cultural y artística se pueda desarrollar de manera autónoma, desmarcada; no necesariamente significa que sea enemiga de las ocupaciones institucionales. Incluso puede haber producción artística desde la institucionalidad, en tanto que el Estado puede velar por la buena conservación de los patrimonios o administrar la producción infraestructural; como la construcción y mantenimiento de teatros, galerías, museos y estadios, pero nada de ello a cambio del clientelismo. De existir una producción artística desde el seno institucional, no tiene por qué ser presentada a la sociedad como única y absoluta. Suele suceder que la producción discográfica de música plenamente comercial, con la nulidad de valores artísticos, es mostrada como la panacea cultural. Igual sucede cuando al fútbol se le degrada a fenómeno de masas e industria, como si fuera el único deporte, excluyendo el esfuerzo del resto de los atletas.

     Las funciones benignas del Estado pueden ser múltiples; por ejemplo, velar por la instrucción académica para el desarrollo del arte, la ciencia y el pensamiento, respetando las autonomías universitarias; al igual que la promoción literaria a través de la distribución de libros gratuitos desde las editoriales subsidiadas, promoción de espectáculos, festivales, distribución internacional de la producción, intercambios, becas, etc. De igual manera, los aspectos relacionados con legislaciones, como derechos de autor, arancelarios, exoneraciones de impuestos a los insumos. Sucede muchas veces que se hacen grandes festivales, lo cual no es malo, pero conjuntamente ocurre que las plazas y mercados de artesanos no tienen las mínimas condiciones, como servicios sanitarios y, los mismos productores no tienen condiciones sociales como seguros o acceso a crédito.

     Perfectamente la producción artesanal podría tener un subsidio mínimo de agua, electricidad o transporte para sus talleres y la comercialización de su producto; pero con frecuencia la producción de artesanías es degradada a un nivel de subempleo, marginales y, a veces, hasta de indigencia.

     En fin, los tópicos del arte, la cultura y la sociedad, son temas vigentes para el análisis y la discusión en todos los tiempos, principalmente en épocas de cambios, donde la sociedad entera puede ser partícipe de las directrices que tiene que seguir el Estado y no el Estado decidir las directrices que tiene que seguir la sociedad y sus diversas formas de hacer el arte y la cultura.

 

Publicado en Media Isla:

http://mediaisla.net/revista/2010/04/el-asunto-del-poder-el-estado-el-arte-y-la-cultura/

américo ochoa .-  
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Sobre Antares

Sobre Antares

Sobre Antares,
Ester
y Mercedes Sosa


Desde que tengo noción del tamaño de Antares
me invade una sana sensación de humildad. Hace muchos años mi tía Ester, una mujer campesina, alegre como la luz, escuchaba en una grabadora vieja a Mercedes Sosa; no desperdicié la oportunidad de preguntar ¿y por qué te gusta Mercedes Sosa?  ─Por el poder de su voz, respondió.


Si hubiera preguntado lo mismo a un “expertólogo” de la música, tal vez habría respondido con términos que no entiendo porque no soy músico; seguramente me habría dado instrucción sobre el registro de la voz, habría hablado de tesituras, de extensión, de timbre, alcance o de vibratos,  y nunca habría entendido a ciencia cierta lo que siente una mujer sencilla, como Ester, al escuchar la voz de Sosa.

        Si hubiera preguntado lo mismo a un “expertólogo” de la música, tal vez habría respondido con términos que no entiendo porque no soy músico; seguramente me habría dado instrucción sobre el registro de la voz, habría hablado de tesituras, de extensión, de timbre, alcance o de vibratos, y nunca habría entendido a ciencia cierta lo que siente una mujer sencilla, como Ester, al escuchar la voz de Sosa.

      Al tratar de comprender todo el concepto de “poder en la voz” el entendimiento puede quedarse corto. Por ese corredor logra pasar el juicio de la melancolía, la rabia, el dolor, la tristeza, el gozo, la alegría, el amor y la ternura; todo al mismo tiempo. La memoria de América Latina y sus “venas abiertas” palpita en la voz de la cantora; la euforia en busca de un sueño es evocada en el instante, así como el sosiego, la dicha, el amparo, la esperanza, en fin: la Historia. La identidad.

      Y, es que, cuando hablamos de la historia de América Latina, obligatoriamente, tenemos que hablar del tema amargo de contradicciones sociales, de abismales diferencias heredadas, en la mayoría de los casos, desde la invasión española. De igual manera, no podemos obviar la lucha constante de los pueblos por una equidad necesaria para establecer el curso de su historia en paz.

      Por otra parte, está lo multiétnico, lo multicolor, la inmensa variedad de tonos y matices, de lenguas y ropajes, de danzas y rituales que encontramos en todos los rincones de nuestra América, construida desde la pureza indígena hasta el mestizaje, desde las mezclas y sus particularidades: indios, blancos, negros, mulatos, criollos. Es decir, estamos hablando de una historia con una inmensa fuerza universal, con raíces tan auténticas como las de cualquier cultura originaria del mundo; solo que, en nuestro caso, por haber sido invadidos por europeos se nos encaja el concepto de pertenecer al gran mundo occidental; se nos endosa la idea de que nuestro origen es el mismo de todo occidente: greco-romanos y judeocristianos. Pero, nosotros no somos originariamente cristianos; somos cristianizados y, en eso también hay diferenciación. No es lo mismo ver una ceremonia de la iglesia ortodoxa rusa que la misa campesina nicaragüense.

Además, nos pretenden inculcar que por ser occidentales debemos defender a muerte todo gran capital e invisibilizar el total de nuestras raíces, de la misma manera que en los primeros días de la gran invasión de 1492, cuando todo el conocimiento, la astronomía, el arte, el pensamiento y la poesía fue a dar a las hogueras por respetar a la serpiente o al jaguar. Por ese hecho tan atroz se nos hace creer que fuimos europeizados, occidentalizados; pero el tiempo nos demuestra que pese a tanta espada, a tanta sangre y tanto odio no estamos doblegados. Es decir, “no todo está perdido … yo vengo a ofrecer mi corazón”.

      Cierto: sembraron catedrales encima de nuestros templos y nuestros lugares sagrados. Impusieron su idioma; pero, para sorpresas el tiempo: nuestras lenguas originarias están vivas y en uso y quienes las practican se sienten cada vez más orgullosos de que así sea. Las poblaciones indígenas siguen siendo mayoría en casi todo el continente, esto implica: ropajes, costumbres, comidas, cantos y genes. Por lo tanto, esta estructura profundamente humana, en la que se sustentan nuestros pueblos, no puede ser ocultada por la ordenanza hueca basada únicamente en el consumo y la acumulación de capital. Y, es que la entereza se ha basado principalmente en la conservación de los valores culturales y en el valor hierático que tiene la dignidad. Por lo tanto, todo ese cúmulo traído desde lo precolombino se convierte en un templo tan sagrado como invisible, intocable, indestructible, al cual y desde el cual convergemos mayas, incas, aztecas, mapuches, huetares, bribris, aimaras, lencas, pipiles, “tucumanas y tucumanes”; es decir, todas las manos, todas/ todas las voces, todas/ toda la sangre puede ser canción en el viento …

      En eso también consiste la particularidad de nuestra historia: en que el arte y la cultura no son resultado de la construcción y desconstrucción de clases aristocráticas y cortesanas propiamente dichas, de sus gustos y voluntades como en los casos europeos. Nuestro auge cultural originario tiene que ver más con el desarrollo de pueblos y multiculturas que con el gusto de las clases de origen mercader o monárquico.

       Paralelo a eso, la creación latinoamericana tiene otros corredores de desarrollo; por ejemplo, no podemos hablar de sus aportes a la literatura universal sin hablar de Gabriel García Márquez, Octavio Paz, Ernesto Sábato, Gabriela Mistral, Pablo Neruda, Alejo Carpentier, José Martí, Nicolás Guillén, Rubén Darío, Augusto Monterroso, Isabel Allende, Roque Dalton, Guillermo Cabrera Infante, Miguel Ángel Asturias, Carlos Fuentes, José María Arguedas, Yolanda Oreamuno, Julio Cortazar, etc.. También, con todos ellos se construye esta formidable identidad como parte de una gran constelación.

Por otro lado, la edificación contiene distintos bastiones, como la música. El canto latinoamericano está muy arraigado a la historia de los pueblos. El tango en sí mismo es una historia. La música ranchera es historia en sí misma, igual que la cumbia, la samba o el bolero. El canto en esencia es historia latinoamericana. No podemos opacar la existencia de Carlos Gardel, Alfredo Zitarrosa, Chabuca Granda, por mencionar algunos. De igual manera, es imposible obviar los procesos de resistencia en las épocas de las dictaduras, cuando legendarios músicos como Violeta Parra, Víctor Jara, Quinteto Tiempo, Quilapayún, Guaraguau, Atahualpa Yupanqui y una cantidad grande de representantes del folclor acompañaban el anhelo de acabar con el despotismo. Otros trovadores que van desde Silvio Rodríguez y Pablo Milanés hasta los Mejía Godoy representan también su tiempo y su historia; otros también crean sus propias particularidades, tales como Chico Buarque, Caetano Veloso, Soledad Bravo, León Gieco, Lilia Vera, Vicente Feliú, Isabel Parra, Fito Páez, Amparo Ochoa, Gabino Palomares, Adrián Goizueta, Katia Cardenal, Charli García, Nacha Guevara, Víctor Heredia, Tania Libertad, Rubén Blades, Pedro Aznar …

Es aquí donde aparece Mercedes. Alquimista, catalizadora, portentosa …

“Cuando yo te abrazo no te abrazo sola”

      Logra llevarnos a un recorrido por “un río en la voz” en un solo concierto, en un solo disco, del acetato al CD o, en una vieja grabadora. En ese caudal confluyen todos los cantautores, géneros e historias; todas las metáforas, dolores, alegrías y esperanzas. Capaz de mostrarnos los matices, las llanuras, los ríos, las pampas con su voz, que, como dice Johan Manuel Serrat, “Creo que lo más importante en esto es el hecho de que la voz no solamente pasa por la garganta, sino también por el corazón. Y en el caso de la Negra, la voz pasaba por el corazón”. (Declaraciones momentos después de la muerte de Mercedes).

      Y, esto que dice Serrat es lo que percibe una mujer tan humilde como Ester cuando responde: “por el poder de su voz”. Tal grandeza de voz y corazón es lo que convierte a Mercedes en una especie de Antares en la galaxia de los cantos. Es decir, su voz es capaz de conmover a una mujer campesina de la misma manera que hace rodar lágrimas en las mejillas de Serrat. En eso consiste la universalidad en el arte. Cuando yo te abrazo te abraza una eternidad.

      Por su parte, la estructura anticultural de mercado, que nada tiene que ver con lo auténtico y lo universal, alista sables de oro y busca separarnos de estos valores con los constructos cotidianos y efímeros. Una maquinaria monstruosa se mueve en la producción industrial de “ídolos” en serie, estándar. Fabrican fetiches como elaborar rosetas y su anchura alcanza lo que dura el vuelo de una palomita de maíz. En una noche se mueve la equivalencia del capital de un banco. Tal maquinaria es capaz de colapsar el sistema de comunicación de una nación a la hora de elegir a sus figuras (¡sucedió en Costa Rica recientemente!) y, luego de una semana de fulgor, fiesta y ensueños, recogen escombros y ganancias y todo vuelve a comenzar como si nada hubiera sucedido. Es más, los programas mediáticos que dan la cara por estas maquinarias ni siquiera tienen nombre en español para el calificativo de “ídolos”, como si también nuestro idioma fuera una vergüenza o un vestigio maligno al que tenemos que renunciar y movernos como marionetas del dinero.

“Cambia, todo cambia”

      La autenticidad de Sosa también remueve fibras históricas en tanto fue una mujer perseguida; detenida en un concierto, experimentó el exilio, yendo y viniendo en los pliegues de la historia, sobre esto Serrat resalta que “la voz de América Latina” fue “una artista extraordinaria, que estaba en el aquí y el ahora, que no vivía en un Olimpo artístico, sino que pasaba por todo el tiempo histórico que le tocó vivir”.

      Sobre este referente, la enciclopedia virtual Wikipedia anota, entre otras cosas: Tras el golpe de estado del 24 de marzo de 1976 fue incluida en las listas negras del régimen militar y sus discos fueran prohibidos. Pese a ello permaneció en el país hasta que en 1978, en un concierto en La Plata, fue cacheada y detenida en el propio escenario y el público asistente arrestado.

       El hecho ha sido relatado por una admiradora llamada como ella Mercedes, que asistió al concierto y dejó el siguiente mensaje en la página oficial de Mercedes Sosa poco después de su muerte:

       La única noche que estuve presa fue después de un recital tuyo en La Plata, en el viejo Almacén San José. Te habías entusiasmado y cantado canciones no permitidas, habías abierto las ventanas para que escuchen los que no podían pagar. Estábamos todos eufóricos. Pero llegaron ellos con sus armas, haciendo por fin visible lo que sabíamos que pasaba. Nosotras en fila en el patio, apuntadas, aterradas; vos, tal vez con tu propio miedo, en una oficina donde te hacían escuchar los temas que cantaste, mostrándote tu desobediencia. A las seis de la mañana, consideraron que ya nos habían dado la lección y salimos al sol. ¿Sabés qué? Valió la pena. Si estás cansada, que tu partida sea en paz. Sabremos entender.

 

Mercedes.

       Se exilió en 1979 en París y después en Madrid.

      Durante la dictadura militar y mientras se encontraba censurada lanzó varios álbumes, destacándose Mercedes Sosa interpreta a Atahualpa Yupanqui (1977), uno de sus álbumes más logrados, y Serenata para la tierra de uno (1979), tomando como mensaje el tema del mismo título de María Elena Walsh: «Porque me duele si me quedo, pero me muero si me voy».

      (…) Regresó a Argentina en 1982 y realizó una serie de famosos recitales, pero debió volverse a exiliar cuando se enteró que el almirante Carlos Alberto Lacoste preguntó: “¿Quién dio permiso a Mercedes Sosa para estar en mi país?'”. Recién podría volver a radicarse en su país en 1984, una vez que la democracia fuera recuperada.

      Pero, como todo cambia, su vuelo, más allá de lo inolvidable trasciende toda expectativa, su cuerpo fue velado en el Salón de los Pasos Perdidos del Congreso argentino, como su grandeza real lo merecía. Hasta siempre Antares de los cantos. Gracias a la vida, que con tu ser, nos ha dado tanto …

 

américo ochoa .-  
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El Parnaso 2

El Parnaso 2

2.

 

Erick Aguirre
(Escritor nicaraguense, Nuevo Diario, Nicaragua)

 

Son pocas y muy dramáticas las novelas de postguerra que han intentado representar el drama humano de los militantes revolucionarios centroamericanos en el momento histórico en que empezaban a caer en pedazos sus grandes paradigmas ideológicos y políticos. El asesinato en Nicaragua, a finales de la década ochenta, de la comandante salvadoreña Ana María, por ejemplo, y el posterior suicidio del comandante Marcial, su presunto asesino intelectual, removieron la base moral y política sobre la que se apoyaban los revolucionarios salvadoreños en esa época convulsa.

            Aquellos sangrientos sucesos estremecieron la conciencia de los cuadros más “pensantes” de la guerrilla: los intelectuales “orgánicos” hasta entonces al servicio de la revolución y su “vanguardia político-militar”, quienes se vieron finalmente obligados a intentar aclarar los puntos oscuros de su entorno político y a aclararse ellos mismos como seres atrapados en esa dicotomía traumática del escritor convertido por propia voluntad en militante.

           Ya me he ocupado anteriormente de una novela paradigmática en ese sentido: “La diáspora” (1989), de Horacio Castellanos Moya, que es el reflejo de una especie de “despertar” de la conciencia entre los intelectuales salvadoreños involucrados en la guerrilla, respecto a la naturaleza de quienes conducían la guerra desde el bando de la izquierda.

           La tendencia, inaugurada por “La diáspora”, hacia la autoconciencia y hacia el desencanto frente a los cruentos proyectos utópicos con que los líderes de la guerrilla movieron a “las masas” durante los largos años de guerra revolucionaria en El Salvador, fue continuada por otros narradores que, como Américo Ochoa y Jacinta Escudos, entre otros, reaccionaron literariamente ante el vacío de valores que dejaría inmediatamente después la firma de la paz y el fin de los conflictos bélicos centroamericanos.
           Ese vacío parece haber obligado a estos escritores a buscar otras perspectivas para abordar la nueva realidad que los circundaba, entre las que parece destacar el alejamiento y el rechazo a las convenciones establecidas (o más bien re-establecidas) en las sociedades centroamericanas de post-guerra, que de hecho estrechaban las posibilidades del individuo como sobreviviente de la guerra, ya no tanto en su desenvolvimiento público en una sociedad cambiante, sino también (y quizás de una forma mucho más traumática) en el ámbito de sus vidas privadas.

           De hecho, el título de la única novela escrita hasta ahora por Ochoa: “El Parnaso” (1997), en apariencia no permite establecer asociaciones inmediatas con el ámbito histórico, social y político de las guerras de liberación en Centroamérica. Su función, como bien ha notado ya Daniele Trottier, parece más bien la de provocar, desde una posición sarcástica llena de humor negro, un choque de sentidos entre el referente clásico de la mitología griega (que nos remite a la esfera privilegiada de los dioses alejada del mundo terrenal) y el de las cúpulas del movimiento guerrillero acomodadas en el exilio y también alejadas de la realidad cotidiana de sus propias bases, es decir, de los “simples mortales” que apuntalaban, a costa de sus propias vidas, las actividades guerrilleras.

          El relato, dividido en diez apartados, gira alrededor de una enorme residencia en la capital mexicana, una mansión de dos plantas donde permanecen felices, incontaminados y en eterna tertulia pantagruélica, los anfitriones del Olimpo, es decir, los seres privilegiados que conducen desde un dorado exilio las tácticas y estrategias de la guerra revolucionaria salvadoreña, y donde eventualmente se dan cita, casi siempre para recibir órdenes e instrucciones, los “faunos y deidades menores”, los “afanosos mortales centroamericanos” que no logran pasar del “primer piso de los infortunios”.

          Apunta Danielle Trottier que el hecho de utilizar un referente clásico de la literatura universal como el Parnaso, para construir la alegoría general de esta novela, implica necesariamente una crítica contundente a la constante importación de modelos foráneos, “a veces pomposos, en difracción constante con la realidad del importador”. Esto implica, además, una relación contradictoria, que la novela de Ochoa hace palpable y evidente, entre “ciertas actitudes y modelos revolucionarios importados” y el referente parnasiano con su remesa de dioses y su torpe manejo de esos modelos copiados.

       Ese absurdo panorama lleno de contradicciones, ambigüedades y ridiculeces tragicómicas, es puesto en evidencia y sometido a juicio en esta novela a través de una ironía constante y con el uso dosificado y preciso del humor negro y el sarcasmo, cuya sustancia transpira en la mayoría de sus páginas.

        Con esa infalible herramienta el autor/narrador nos muestra un micromundo dividido en dos: Los dioses de “arriba” que pese a dirigir la lucha contra el poder instituido en su país constituyen ellos mismos otro poder no menos arbitrario y degradante, y los faunos y demás mortales, entre los cuales se sitúa el narrador, que por su parte podría también constituirse en una especie de representación del intelectual guerrillero en el exilio, y que en el transcurso de la novela se desenvuelve en pleno proceso de adquisición de conciencia de una doble subalternidad, pero que en el fondo aspira a otro tipo de divinidad más genuina: el sueño de un Parnaso verdadero.

américo ochoa .-  
americocho@hotmail.com

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EL PARNASO

EL PARNASO

COMENTARIOS

1.

Daniele Trottier

(Escritora canadiense,
Nuevo Diario, Nicaragua)

  El Parnaso … un título corto, en realidad un enunciado compuesto por un artículo definido y su sustantivo, y uno sabe que un artículo definido define. Ahí está, esa partícula definitoria nos está introduciendo desde la carátula a un mundo preexistente, no cualquiera, no a un mundo entre tantos, sino a este mundo: El Parnaso. No hay otro y el lector siente ya imperceptiblemente que entra en el vestíbulo de un mundo seleccionado por el narrador/autor, y eso desde la primerísima página. Acaso un artículo definido no nos pone ya la pulga en la oreja: sí, nos programamos para ingresar a un mundo (pre)construido. Y ya intuimos que lo (pre)construido conlleva su irreverencia, porque para qué construir algo si no es para subvertirlo.

Y ahora, qué hay de ese mundo preestablecido, como una mesa puesta en espera de los convidados… El Parnaso. Parnaso. Sin duda un referente cultural/histórico fuerte, como una lápida o una columna dórica. Y ahí surge el primer choque de sentido, entre un paratexto/contexto (autor salvadoreño, tema centroamericano, tiempo de guerrilla y exilio) y un monumento marmóleo llamado El Parnaso (mundo grecorromano, cultura clásica, paradigmas elevados). Primera interrogante: ¿Qué diablos hace semejante título en semejante texto? ¿Cómo el clasicismo venido del Olimpo, pues de eso se trata, puede revolcarse con lo que uno sospecha como convulso, azaroso, enclenque, subterráneo, clandestino?
El Parnaso, en toda su ostentosa enunciación, arrastra en su campo semántico las mitológicas imágenes griegas del monte Parnaso en Fócide, dedicado a Apolo y a las musas. Eso ya es monumental como origen e intertexto. Pero también activa otro sema, el de Los Parnasianos, un movimiento literario compuesto por poetas, por ahí del siglo XVII, que se entregaban al arte por el arte, como si fuera una esfera perfecta, desligada del terrenal mundo en que vivimos. Y, curiosamente, de eso se trata, de una mansión de dos pisos con sus excelsos anfitriones del Olimpo/poetas sagrados viviendo en las alturas eternas y, en el primer piso de todos los infortunios, los faunos y deidades menores de los bosques y ríos que somos nosotros, los afanosos mortales y centroamericanos de sobra.

Porque ya este nombre está cargado de un sentido porfiado, una demasía que lleva el peso de magnos “modelos”, un calco de algo más sobre nuestros magros hombros de hombres y mujeres de maíz. Pues copiar a los Clásicos, además del mismo hecho de copiar (pienso en el inefable Sísifo) que no deja de ser un trabajo en sí (pienso en la lápida intertextual), implica traerse a cuestas modelos importados, a veces pomposos, en difracción constante con la realidad del importador. Y ahí me pongo a relacionar ciertas actitudes y modelos revolucionarios importados con eso del Parnaso y su remesa de dioses, y en un sentido más general del manejo (torpe) de modelos foráneos. Como que el lío de esa mansión de dos pisos, con inquilinos tan distintos, se anuncia en el microcosmo de un cierto Américo Ochoa, él mismo mandado a llamar por el mismísimo icono americano …

Este título, por lo visto, lleva implícito su distancia irónica/humorística (sarcástica a veces) del trasiego de vidas que se da en esa mansión de dioses mayores que lidian con sus réplicas terrenales, divinidades menores o venidas a menos, en un contrapunto constante y divertido, y a veces tierno. Los hay de todo tipo, pero invade casi todo el espacio la figura erecta del fauno, representación perfecta de seres irreverentes con remanentes de una divinidad selvática o precolombina, o simplemente erótica. Eros silvestre que permite a sus personajes alcanzar la divinidad en esa nuestra tierra de infortunios y exilios “para que no se nos olvide el camino de los sueños, el camino del Parnaso verdadero, del universo que palpita sin cesar, mirándonos la vida con sus ojos grandes …”

El circo de la clonación

El circo de la clonación

 El circo de la clonación

          Por ahí circula la noticia de que científicos rusos y coreanos del sur buscan clonar un mamut. En el mundo del surrealismo uno puede esperar siempre cosas tanto absurdas como asombrosas. Relojes como huevos fritos, molinos con alas de mariposas, rosas flotantes, humanoides ovíparos, elefantes de patas muy extrañas; en fin, ése es Dalí, con su iconografía y alegoría pictórica planteada de una manera magistral en su contexto histórico y artístico que se universaliza. |

          También la ciencia ficción literaria, cinematográfica o de tv nos pone desbordar la imaginación, desde los monstruos Ultramán o Gotzilla hasta personajes extraterrestres en la orquesta de un bar en Guerraa de las galaxias; en fin, escoja usted su mejor referencia. ¡Ah, se me olvidaba, también Jurassic Park!

          El tema de la clonación no es nuevo, se supone que el primer proyecto concreto y exitoso que la ciencia llevó a cabo es el de la famosa oveja Dolly en 1996, donde se hace una reproducción “asexual”; es decir, sin la intervención orgásmica natural de esperma y ovulo, sino de una manipulación embrionaria y de ADN para tener como resultado un mamífero cuadrúpedo idéntico, y no un “descendiente” de la oveja y su macho.

          La información develada sobre este tema habla de otros intentos fallidos o sin mucho éxito.

          Bueno, la trama es que actualmente se habla de clonar un mamut (ver aquí, nota aparecida el pasado 15 de marzo), en un proyecto entre rusos y coreanos. Ya antes se había hablado de un proyecto ruso-japonés con las mismas intenciones.

          El caso es que estamos hablando de seres que caminaron hace varios millones de años; allá por la época cuaternaria, que ni sabemos con exactitud cronológica donde queda en la rueda del tiempo, pero las pruebas de su presencia son reales; es decir, se ha encontrado fósiles con cuerpos que evidencian su existencia hasta unos 3.700 años atrás.

          Para muestra un mamut: en abril 2012 se difundió la noticia de haber encontrado un ejemplar lanudo que se supone habría tenido interacción con humanos, según nota de la BBC.

          Pero, volviendo al acto surrealista que contiene el hecho de traer un mamut al siglo XXI, uno podría cuestionarse muchas cosas; por ejemplo, si clonan una oveja se puede alimentar con leche de oveja si es bebé, o pasto; pero a un mamut, que su contexto natural ya no existe, ¿qué le van a dar, lo van alimentar con sandías transgénicas? o ¿cómo? No entiendo. Es decir, la clonación es sólo para probar que se puede clonar o ¿para qué? ¿Tiene la ciencia bien delimitada y clara la finalidad de una acción de ese tipo? o, ¿es solo la aviesa travesura de animar un cadáver y demostrar que la ingeniería genética va viento en popa?

 

Injertos de la imaginación

          El asunto no es solo de moralidad y ética aplicada a la modalidad científica, puesto que podríamos decir que al cortar la rama de una rosa y resembrarla se convierte en una planta independiente. También, el sentido común dice “que no hay que pedirle peras al olmo” porque se podría llegar a tener “perolmos” mediante injerto.

          Igualmente podríamos hablar de la hibridación y sus consecuencias nefastas, que se entrelazan con perversidades económicas y políticas derivadas del neoliberalismo, como el caso del maíz transgénico en detrimento de las especies criollas y naturales, incluso de aspectos sociales y culturales relacionados con su cultiuvoi; pero esas son semillas de otro costal.

          Puede ser que la intendencia genética llegue hacer, incluso, hibridaciones de especie; pero ya los artilugios de la imaginación y la mitología van años luz delante de la manipulación científica, más allá de las frutas y las semillas:

          – ¿Qué tal la combinación de caballo y humano? Se llama Centauro;
          – ¿Toro y humano? ¡Minotauro!;
          – el Grifo, Medusa o Aracne.
          – Los unicornios que tanto nos gustan.

          ¿Qué tal las triadas de animal, humano y divino?, como:
          Horus; cuerpo humano, cabeza de halcón y su indiscutible divinidad para los egipcios.
          ¿Qué tal el kraken?, remozado recientemente en un duelo con Johnny Deep; ¡perdón!, capitán Jack Sparrow (en Piratas del Caribe).

          Puede ser que la fantasía no sirva para nada tangible, pero seguirá siendo humanamente grandiosa.

 

¿Y la conservación de las especies actuales?

          Volviendo a la cuestión sobre retrotraer un ejemplar desaparecido hace ciento de miles o millones de años por condiciones naturales, podríamos también preguntarnos, ¿solo para verlo un par de días y que muera de viejo siendo bebé? Si el interés fuera reponer una especie extinta, ¿porqué no mejor preocuparse por las existentes en peligro de extinción?

          Ya que el mamut que quieren clonar es de pedigrí europeo, pongamos un ejemplo: el atún rojo se encuentra en peligro de extinción debido a que vio reducido su número en un 90% en el Atlántico europeo y un 50% en el Mediterráneo, desde la década de los setentas, siendo la principal causa de este hecho la pesca masiva.

          La Comisión Internacional para la conservación del atún atlántico (ICCAT) es la entidad que arroja estos datos, y denuncia que la pesca que se produjo en 2007 —que fue de 61.000 toneladas— duplicó la cantidad permitida por la ley y además cuadruplica lo que sería ecológicamente correcto. (ver).

          Puede decirse que una quinta parte de las especies de vertebrados está “amenazada”, siendo un 13% de las aves al 41% de anfibios que pueden extinguirse en un futuro muy cercano. Además anota la misma fuente que casi 26.000 especies de vertebrados se encuentran en la “lista roja” de la Unión Internacional para la conservación de la naturaleza. ¡Y los rusos empeñados en traer un mamut!

          Lógicamente no tengo nada en contra del desarrollo científico, pero sí todo a favor de la conservación de la biodiversidad actual. Si la clonación llegara a ser tan común y comercial como la manipulación del maíz transgénico, seguramente usted podría encargar su propio mastodonte de mascota, pero ¿a dónde lo va a meter?, ¿en la nevera? O podría pedir que se lo hagan del tamaño de su gato, como los bonsai.

          La imaginación da para mucho; por ejemplo: todavía existen circos en los que tristemente se puede ver animales con su espíritu salvaje quebrantado. ¿Qué tal un circo con un niño de Cromagnon enjaulado? No sé si acontecería algo parecido a lo que sucede en el cuento de García Márquez titulado Un señor muy viejo con unas alas enormes –¡qué bueno que es!
(Se lee aquí).

          También podría escoger sus seres de compañía mediante la combinación de clonación y eugenesia… pero, volviendo a la fantasía y al mamut, podemos tener un cadáver, o varios, pero eso no nos traslada a su contexto. Es decir, el aire que respiraba, el clima, lo que comía, los ecosistemas en que se movía y demás. Así que traerlo a un mundo de oxígeno raro para su entorno es aberrante; claro, no es el mismo animal en sí el que surgiría a este mundo, sino un injerto.

 

Después de los mamuts ¿siguen los humanos comunes y los sagrados?

          Bueno, sobre la clonación humana ya la religión ha hecho sus apreciaciones sobre la vida, el alma y su relación con la ciencia respecto de estos temas; pero fantaseando, si clonáramos por ejemplo a Leonardo Da Vinci o a Miguel Ángel ¿tendrían las mismas virtudes? o solo serían un cuerpo semejante sin la entelequia filosofal de los auténticos.

          ¿Vendría en su combo cerebral un talento apto para el desarrollo en nuestro tiempo? ¿O les daría un infarto si lo subimos a un jet?

          Lógicamente, en la vida real, el desarrollo del espíritu creador se desempaca con el conocimiento adquirido y la vivencial característica particular de tiempo y espacio personal; pero la fantasía nos permite interrogarnos hasta dónde la ciencia puede, o supone, llegar a controlar lo que hasta ahora nos parece irracional. Para eso también es la imaginación, como sucede en la telenovela brasileña El Clon; solo que en ese caso el clonado es un perico de los palotes, pero si fuera alguien que verdaderamente aportara cosas sustanciales ¿qué pasaría? Podría salir una trama sumamente interesante si el argumento no es malogrado.

          En el tema de clonar por clonar o por travesura acreditada se podrían filtrar muchas tramas.
          A Einstein, para ver como evoluciona sus teorías hacia la cuántica.
          ¿Qué tal clonar un santo para probar sus milagros?
          O al mismísimo Cristo.

          ¡Santo Dios! Para la ciencia no habría diferencia que sea un mamut, un venerable o un sagrado; así que cualquier trama o guión lo puede suponer y se lo permitiría. En el caso del Hijo de Dios, los amanuenses de los guiones del cine tendrían que ingeniárselas porque el Ser es único y lo entendemos a la diestra del Padre; es decir, no anda por ahí congelado en la Siberia esperando caer en manos de hordas de clonadores; pero en fin, allá ellos.

          En el caso del circo de la clonación, imagino en cartelera: ¡Vean señoras y señores, el mamut adiestrado Siberia! (y los tambores sonando). O al estilo romano: ¡Vean al hombre de Pekín contra el hombre de Cromagñon!; ¡Últimas funciones del hombre que inventó el fuego! ¡El pitecantropus y su coooolmillo de saablee! ¡Gran espectáculo de los tigres albinos de Malasia y el monstro de Tasmania! ¡Suba a sus niños al vuelo del pterodactylus! ¡Conozcan al hombre de Java! ¡La doncella de Gibraltar y sus cabras amaestradas! ¡Pregunten lo que quieran sobre evolución al Darwin Clonado! ¡No se pierdan las últimas funciones del Gran Circo Cuaternario de la Clonación!

          De todas maneras todo este hemiciclo no es más que fantasía literaria desbordada, y, lógicamente no estoy en contra del desarrollo científico con proyectos de semejante magnitud, y sí se pueden desarrollar este tipo de avances sin descuidar la protección de las especies que todavía están en vida, pues que bien estaría.  -¡Y todo por un mamut!; pero sí, antes de ver un circo de la Era Glacial venido de la clonación, prefiero ver —aunque sea por tele— las ballenas que todavía existen, oír el canto matutino de los pájaros del barrio y tener la esperanza que las especies que están en la mira de extinción encuentren santuario seguro; sobre todo, en nuestras conciencias y nuestro respeto por la vida.

          La combinación de especies las prefiero en la imaginación, la fantasía y la mitología. ¡Ah!, y el surrealismo lo prefiero pintado por Dalí —eso sí, ¡el auténtico!.

 

          San Pedro, abril 2012.

          Publicado en  http://www.surysur.net/el-circo-de-la-clonacion/

          Las imagenes son tomadas de esa publicaciòn.

 

américo ochoa .-  
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¡Qué pichazo le pegaron a la Luna!

¡Qué pichazo le pegaron a la Luna!

 

Bueno, en realidad es un decir bastante vulgar, pero nuestro satélite ha sido, últimamente, blanco de severos impactos de artefactos terrícolas con fines “científicos”; aunque más pareciera demostración de fuerza en el campo de desarrollo tecnológico espacial.

Algunos países se empeñan en rugir como machos alfa demostrando su capacidad de destrucción en la espiral armamentista, cohetes de largo alcance o la temeridad que se produce cuando alguna nación levanta su mano peluda para indicar que tiene en desarrollo armas nucleares; como el caso de Korea del Norte, La India, Pakistán, entre otros. En esto de las sondas espaciales también hay un rugir selvático.

Luego de la Segunda Guerra Mundial, las potencias resultantes representadas en su polarización por Estados Unidos y por la Unión de Repúblicas Soviéticas Socialistas –URSS–, concibieron el dominio territorial y espacial como estrategia de alcance militar. No fueron los únicos factores, puesto que la batalla también pasó a ser de primera línea en el terreno ideológico, político, económico y geopolítico; las tensiones realmente daban frío. No era para menos, luego de la experiencia en Nagasaki e Hiroshima, los indefensos del mundo sabían que cualquier locura estaba al alcance de un botón.

Ese “al alcance de un botón” se convirtió en dominio, en terror; significaba “dame o te hago la guerra”; bajo ese precepto, en todos los instantes de la Guerra Fría tuvimos las hachas sobre el cuello. Es decir, que un bombazo atómico podía suceder en el patio de cualquier nación sin motivo alguno, porque la justificación para lanzar bombas atómicas en las islas japonesas nunca existió,  puesto que hubo una rendición militar japonesa antes del genocidio.

Así las cosas, la danza de muerte en la Guerra Fría se volvió intensa y prolongada; la reyerta ideológica se transformó en lucha armada focalizada en lugares como Vietnam, Camboya, Laos, Afganistán, Latinoamérica

… … …

A la par del despliegue ideológico, el expansionismo económico, el monopolio científico y tecnológico; la cruzada espacial no era asunto de comics o de ficción, aquello parecía la batalla de coches en la película “Ben Hur”. El que dijera primero que puso un pie en la Luna ganaría la carrera; así fue. No dejó de ser emocionante. Se comenzó a hablar de satélites, cohete, misiles y del combustible líquido V2. Se dio el banderillazo inicial y ¡arrancooó el “Sputnik”! a una velocidad de 28,000 kilómetros por hora, con un peso de 83,6 Kg. El 4 de octubre de 1957, con el tamaño de una bola de fútbol, este aparatito hizo que los adversarios de la URSS tuvieran serios dolores de cabeza, puesto que Estados Unidos había fracasado algunos intentos por hacer el primer despegue.

Ese lanzamiento era la primera emisión del Programa Sputnik, que contó con una serie de ocho artefactos, incluidos sus vehículos de lanzamiento. Sputnik 2 tendría la característica, un poco arrebatada, de llevar ¡una tripulante! Laika, la primera vida en la órbita terrestre, lanzada sin garantías de nada, con un retorno incierto; es decir, fue arrojada con sello de martirio a la muerte segura.

 

(Imagen artística del Sputnik 1 en órbita

sobre la tierra, tomada de Wikipedia).

La perra sacrificada en esta misión sería la primera víctima de la carrera, los detalles de su muerte no se saben o sigue siendo un secreto, unos dicen que murió carbonizada producto del roce atmosférico, otros aseguran que fue envenenada. Sputnik 2 despegó el 3 de noviembre de 1957.

Definitivamente con este nuevo “hit” la ventaja rusa era rotunda. Los norteamericanos quedaban contra la espada y la pared; la revancha era tan urgente que debían responder o quedar en el ridículo histórico para siempre, ya que los rusos ¡iban a un Sputnik por mes!

Spunik 3 tuvo dos lanzamientos: uno fallido el 3 de febrero de 1958, el otro efectivo el 15 de mayo. Exactamente un año después fue lanzado el cuarto con un tripulante de mentiras, es decir, una especie de androide muy primitivo, casi un maniquí ¡Pero ahí iba sorteando la competencia! ….

¡Y arraaanca el Sputnik 5! Increible, señoras y señores. Un aparato con tripulantes verdaderos, nada de farsa, nada de maniquís o simuladores: 40 ratones, dos ratas, muchas plantas con sus capitanes caninos Belka y Strelka. Fue lanzado el 19 de agosto de 1960 y de regreso a tierra el día siguiente. Todos sus tripulantes a salvo.

El artefacto 6, ya casi una nave, fue arrojado con una tripulación similar el 1 de diciembre de 1960, pero sus tripulantes sucumbieron. El siguiente objeto despegó con una sonda rumbo a Venus, el 4 de febrero de 1961. Había comenzado la modalidad de las sondas porque, ocho días después fue lanzado el octavo componente, que también tenía intenciones de sondear Venus.

 

La embestida de los Apolo

Un año después del primer Sputnik, en Estados Unidos comenzó a funcionar la National Aeronautics and Space Administration (Administración Nacional de Aeronáutica y del Espacio) –NASA–, el 1 de octubre de 1958, con instrucciones precisas de poner una nave tripulada en órbita. Luego de algunos vuelos suborbitales, el Presidente J. F. Kennedy anunció el 25 de mayo de 1961 que Estados Unidos debía comprometerse a “aterrizar un hombre en la luna y devolverlo sano y salvo a la Tierra antes de finalizar la década”.

Menudo reto para el que va atrás en la carrera. ¡Y arraaaanncaa el programa Apolo!, acompañado de un complejo sistema de programas Gémini y otros, en función de la orden presidencial. El despegue de Apolo 1 fue un fracaso, puesto que se incendió en la plataforma de salida con sus tres tripulantes dentro. La desgracia sucedió el 27 de enero de 1967. Los soviéticos habían tenido un accidente similar en una cápsula de prueba en 1961, pero mantuvieron el hecho en secreto, por lo que tal experiencia no sirvió de nada a sus adversarios y no le salvó la vida a nadie.

Los Apolo 2, 3, 4, 5, 6 tuvieron carácter de ensayos; los experimentos 7 y 9 tenían tripulantes humanos, y los Apolo 8 y 10 supuestamente orbitaron la luna también con tripulantes.

Para remontar la ventaja soviética no escatimaron esfuerzos ni recursos. El Apolo 11 fue el coche de apuesta al “todo o nada” de los Estados Unidos. Lanzado el 16 de julio de 1969; cinco días proclaman que Neil Armstrong puso un pie en la superficie lunar. Se afirma que el aparato alunizó satisfactoriamente. ¡Y ahí van los norteamericanos Apolo tras Apolo: 11, 12, 14, 15, 16 ¡rumbo a la Luna! (y los demás haciéndose los rusos). El Apolo 13 tuvo aprietos serios y, dicen que, fue el único que no alunizó. La batalla fue dura, violenta, en fin. Con intentos fallidos, experimentos catastróficos, unas veces caóticos, otras incendiarios, pero fueron los primeros en decir que llegaron a la Luna. Lo demás, también es historia.

(Insignia de la misuòn, tomada de Wikipedia)

Es importante anotar que entre todas las emociones la principal es el alunizaje, cuando el planeta entero sabía de la noticia; en aquel entonces, nadie sospechaba que un acto tan importante sería fustigado por la duda medio siglo después.

En el puro ojo de la Luna

Luego de la intensa carrera hacia la Luna vino una suma de malabares espaciales: acoplamiento de naves, caminatas nocturnas, bases, operaciones conjuntas, turismo espacial, etc.. Ahora, todo tipo de artefactos de muchas naciones pululan nuestro cielo. También, han lanzado sondas hacia lo infinitamente ignoto, sin la suerte del retorno.

Admito que me emociono como un niño cada vez que veo las fotografías espaciales que envían esos aparatos, sondas y telescopios, que inicialmente son dirigidos y luego quedan a la deriva como basura espacial de altísimo costo. Pues una de esas, la sonda lunar LCROSS hace doble impacto en uno de los cráteres lunares el 09 de octubre de 2009.

En teoría, semejante arremetida es para levantar polvo lunar y rocas y tomar muestra para verificar la existencia de agua congelada en ese boquete del satélite. La pregunta es ¿por qué no alunizaron el aparato sosegadamente y sacaron muestras con un brazo robótico? y de regreso a casa ¡como en los viejos tiempos!, o ¿ya se les olvidó alunizar?

Llama la atención que a medida que la tecnología avanza, en ese campo, los resultados sean proporcionalmente menos exitosos. ¿Será posible que en los años sesentas alunizar naves tripuladas fuera tan fácil y, medio siglo después la mejor solución para obtener muestras sea estrellar el aparato?

Bueno, este no es el único referente. Los viajes a la Luna solo habían estado en la mente de Julio Verne y los Apolo llegan a hacerlos realidad basados en “cohetitos” que sí tuvieron altibajos, pero parecían efectivos. Cuando surgen los trasbordadores, las catástrofes no se detienen y tristemente sigue el sacrificio, como el caso del Challenger. Cabe señalar que los trasbordadores no van a la Luna ¿será que también son superados por los cohetitos?

Otra pregunta impertinente: si en travesías de antaño trajeron muchas muestras de la Luna, ¿cómo no sabían si había agua o no? Igual dicen que las muestras se contaminaron; pero en fin, puede ser porque los viajes no tenían fines científicos, sino militares y de demostración de poderío; los tripulantes eran esencialmente pilotos. Pero mi intención no es sembrar cizaña contra los alunizajes.

Lo que pasa es que  realmente me duele tremendos golpes que le están dando a la Luna sin haber hecho nada ¡Pobrecita, déjenla en paz! Nadie la defiende. Tantos músicos que han encaminado sus sondas musicales hacia sus auras. Todos saben que los poetas nos enamoramos despiadadamente de sus encantos, aunque no seamos los únicos, también los pintores, como Picasso que pone cuernos de luna a sus toros, porque, además,  hay un toro enamorado de la Luna …

¡Eureka, en La Tierra hay agua!

Otro punto en contra de las agresiones es que, bajo pretexto científico de buscar agua, están echando más basura. Por otra parte, sería gratificante saber que paralelamente a los programas ultramillonarios para sondear el espacio, también se invirtiera en la conservación de nuestro agua y nuestro planeta; sobre todo, que la NASA pertenece a la supraestructura de un Estado que no firma ni ratifica los acuerdos ecológicos y de preservación del planeta, como sucede con el Protocolo de Kioto.

Además, es de sobra sabido que en nuestro planeta ¡Eureka! ¡hay agua! Entendiblemente podemos suponer que al encontrar el preciado líquido en otro lugar, seguirá el intento de generar vida controlada por terrícolas. ¿Por qué no pensamos al revés?; por ejemplo, cuidar con alma, corazón y vida el agua que tenemos.

No estoy en contra del desarrollo científico de comprobar si hay agua o vida en otros lugares; pero, podríamos hacer esfuerzos igualmente grandiosos por limpiar los ríos, los mares, los manantiales y todo lo que tenga agua aquí y ahora, por si un día vamos a otro planeta llevar un poco de nuestra agua limpia y, con ella, su sagrado valor de habernos generado nuestra vida inicial. Así, con ella podamos comenzar una vida nueva y conservar la nuestra. Y, si un día nos encontramos con un marcianito, poder contarle que tenemos en abundancia algo sagrado, limpio y bello que nos da la vida y se llama agua.

 

Adenda

Pichazo se utiliza en Costa Rica para definir un golpe fuerte. Es considerada una palabra con cierta vulgaridad puesto que deriva de picha. En el resto de Centroamérica se utiliza pijazo, igualmente proviene de pija o vergazo, procedente de verga.

Diccionario de la Real Academia Española: picha1. f. malson. Miembro viril. Pija: 4. m. malson. Miembro viril.  verga1. (Del lat. virga). 1. f. pene.